*La Iglesia del Instituto de Coadjutoras del Apostolado Social, dedica su existencia a los los ideales de la madre Bertha Verónica de la Fuente Marchant
Diego Mena Flores
Tlaxcala, Tlax.- Un pequeño pasillo lleno de frescura, conduce a un enorme patio que da la bienvenida a un recinto religioso con historia.
Oculto bajo la sombra de la Basílica de Ocotlán, la Iglesia del Instituto de Coadjutoras del Apostolado Social, dedica su existencia a la formación de devotos de la religión cristiana.
En la comunidad tlaxcalteca de Ocotlán, una puerta negra resguarda a la Iglesia que presume una enorme cruz marrón, en cuyo centro hay un mundo. El lugar vigila en silencio el acceso y manda un mensaje silencioso de fe.
El blanco de su fachada refleja pureza de quienes mantienen vivo el lugar y en sus adentros, la infraestructura con tonos claros y café generan un contraste agradable a la vista de quienes asisten a oficiar misa y reunirse bajo un mismo clamor.
El atrio mantiene una simplicidad histórica: habitaciones cercan un patio despejado al cielo, jardines visten de colores tenues que permiten una convivencia pacífica fuera del espacio donde se celebra la eucaristía y el regalo de dios.
La iglesia forma parte de los templos que profesan los ideales de la madre Bertha Verónica de la Fuente Marchant, quien llegó a México para la promoción social y proximidad con la feligresía.
En 1961, su ideología llegó a Tlaxcala y poco a poco logró entrar en Ocotlán y a la pequeña iglesia que ilumina de forma discreta y con ideales de la pastoral social.
Hoy día, en la discreta entrada una placa conmemorativa se aprecia resplandeciente a la iglesia; atravesar el patio, con sonidos de aves que anidan en el lugar, inducen poco a poco a despejar la mente y prepararse para la conversación eclesiástica.
Los acabados de madera, brillan y ansiosos esperan a los fieles y el interior de la iglesia es blanco como manto de la Virgen María que silenciosa se encuentra en el retablo del lugar.



